sábado, 9 de julio de 2016

Armar el árbol genealógico y no morir en el intento.


 
Tal como relaté al principio, después del paseo por Dominguez y Moises Ville, decidí armar el árbol genealógico de los Gerchunoff. Las generaciones de los Kurlat habían sido perfectamente establecidas por mi primo Dan Koren (Kurlat) (http://www.koren2.com).  En esta era de programas informáticos estaba segura de que iba a encontrar alguno que me sirviera para ir armando la genealogía de la familia. Así encontré MyHeritage y me propuse armarlo. Parecía sencillo, pero el proyecto se convirtió en algo titánico, y no porque el programa no fuera muy amigable.  

Todo empezó con la visita a la Chona Kaplán, residente de Dominguez, que de acuerdo con la explicación del curador del Museo de las Colonias era una pariente, ya que descendía de una Gerchunoff. Claro, esa Gerchunoff no era de las hermanas que se ven en la famosa foto de familia. Entonces, ¿cómo es que era pariente?
Comencé con lo que sabía de los Gerchunoff. Sin esfuerzo armé la parte correspondiente a los descendientes de Rosa  (es decir, las familias Weber, D’Alessio y Kurlat) y de Cecilia (la familia Kantor), que eran los que tenía cerca. A partir de ahí, la cosa se complicó.
El primer escollo fue ordenar a los descendientes Halperin. Por suerte, los primos fueron aportando sus recuerdos. Aquí la contribución de Ana Kantor y su familia fue decisiva. Con la foto familiar delante, reconstruimos la descendencia de Enrique Halperin y Sofía Gerchunoff.
También así fue que me enteré de la existencia de Bernardo y la pérdida completa de relación con la familia. Siguió la genealogía de las hijas de Alberto. Me contacté con María Sofía, de quien guardaba un recuerdo bastante vívido ya que fue alumna de mamá en letras y la debo haber visto bastante en aquella época, cuando mamá la asesoraba o aconsejaba para su carrera. A través de ella supe algunos pormenores de la historia del legado de su abuelo y de su padre, Menke Kantor.
Gracias a Miguel Kantor y a Ana, también me contacté con los Jaroslavsky, descendientes de Blanca y por ellos reconstruí la parte correspondiente a ella y a Rosa Esther.
Y Ahí empezó la parte más difícil. Tal como se ve en la página del censo de 1895, en Rajil, colonia agrícola en la que se refugió la familia después de la tragedia de Moises Ville, vivía una familia Gerchunoff. De los integrantes de aquella familia había 2 cuyos nombres me resultaban familiares. Uno de ellos era Gregorio. Yo suponía que este debía ser el famoso tío Gerche que había operado de las amígdalas a mi hermano cuando era chico y que, según Irene Halperín, también a ella le había robado las suyas.
Me sonaba, pero muy vagamente el nombre Abraham. Cuando buscaba Gerchunoffs en Google, los únicos otros mencionados en la red con cierta frecuencia eran Bertha W de Gerchunoff y Pablo Gerchunoff. Recordaba perfectamente el nombre de la tía Bertha, y entre las cosas que leí sobre ella constaba que era la mujer de Abraham Gerchunoff. Era evidente que esa familia de Rajil era pariente, pero no tenía manera de saber cómo era el parentesco. Suponía que a la aventura de libertad, mi bisabuelo había venido con algún otro arriesgado como él. Tal vez, un hermano.
Para averiguar esto, recorrí todos los lugares posibles. Empecé por el CEMLA – Centro de Estudios Migratorios Latinoamericanos. Hice la búsqueda en la red y tropecé con datos de entradas y salidas de Alberto Gerchunoff en el siglo XX. Pero ningún dato de su llegada al país entre 1889 y 1891. Decidí ir en persona, pensando que tal vez allí habría otras posibilidades de búsqueda. Fue inútil. Me cobraron $10 y me dieron la misma información que ya tenía. Pero me explicaron que los registros anteriores a 1906 estaban mayoritariamente perdidos. Los libros archivados en el Museo del Inmigrantes se habían mojado y habían sido atacados por los roedores. Algunas páginas se habían salvado y habían sido digitalizadas, pero era todo lo que se podía salvar. Lo que no estaba en la búsqueda informatizada, directamente se había perdido.
Releí, entonces detenidamente las memorias de Alberto. También leí Son Memorias de Tulio Halperín. En ninguno de los 2 libros encontré ninguna mención al viaje y a la llegada a la Argentina de la familia. Buscando en los libros de Ricardo Feierstein sobre los judíos en la Argentina, en uno de ellos figura que los Gerchunoff llegaron en el Pampa. Sin embargo, los listados de pasajeros del Pampa para los años 1889 y 1890, no contienen a ningún inmigrante con un apellido ni remotamente parecido al del bisabuelo y su familia. Son principalmente italianos y españoles y la mayoría abrumadora se dice católico.
Los archivos para 1891 no están disponibles. Sin embargo, la historia de “los Pampistas” - como se llama a los que llegaron en ese barco -  relata que fue un contingente que se encontraba varado en Estambul, por no poder pagar su pasaje. Ese grupo de unas 200 personas fue financiado por el Baron Hirsch y llegó a la Argentina en Diciembre de 1891. Para ese momento el bisabuelo ya estaba muerto, de acuerdo con lo que figura en la tumba de Moises Ville.  
Busqué en las redes sociales a algún Gerchunoff, que me contestara. Para suerte mía, Luis, de Córdoba, me contestó. De a poco nos fuimos reconociendo como parte de una misma familia. El núcleo conductor era la famosa Tía Bertha. Activista en la Wizo, socialista y socia de Alicia Moreau de Justo.  Luis reconstruyó la parte de la familia de la cual él proviene, es decir los descendientes de Leib (León) Gerchunoff.
Tenía así 2 árboles genealógicos bien delimitados. Uno era el de la progenie de Gershon, mi bisabuelo, y la otra de Hersch Gerchunoff, antepasado de Luis. No tenía forma de unirlos. Busqué varias alternativas. Una alternativa era buscar el nombre del padre de Hersch en su tumba. Si coincidía con el que figuraba en la tumba de Moises Ville, podía certificar que eran hermanos. Le escribí a Quiroga, curador del museo de las colonias en Dominguez, pero no obtuve respuesta. Además, la lápida de la tumba de Rab Gershon ben Abraham Gerchunoff había sido reconstruida. La fecha no parece coincidir con el recuerdo relatado por Alberto Gerchunoff, y parece estar equivocada. Nada me garantiza que el padre se llamara Abraham. Hersch vivió muchos años más, y quien sabe si cuando murió sus descendientes conocían el nombre del abuelo lejano que no habían conocido.
Intenté contactarme en ese momento con Horacio Saionz, descendiente de la Tía Bertha, pero no obtuve respuesta al correo electrónico. No encontré en ese momento un teléfono válido.
Nuevamente la salvación fue Ana Kantor. Como la visito seguido, empecé a preguntarle qué se acordaba ella. Hay que tener en cuenta que al momento de hacer la investigación sobre la familia, Anita tenía 98 años. Hay que andarse con mucho cuidado para no inducir respuestas. La memoria no es la misma que de joven, aunque Ana está muy lúcida aún hoy que tiene 100 años, por cumplir los 101.
En varias oportunidades diferentes le pregunté por la Tía Bertha. Su memoria al respecto era un poco difusa. Pero un día, en vez de preguntarle por la tía Bertha, le pregunté directamente que parentesco había entre Abraham y Alberto. Sin titubear y como si fuera obvia la respuesta me dijo: ¡Eran primos hermanos!
Así fue como confirmé la sospecha de que a estas tierras habían llegado 2 hermanos con sus respectivas familias. 
Esa generación de inmigrantes habló poco, contó poco y los descendientes, como suele ocurrir, empezaron a preguntar cuando ya los recuerdos eran borrosos.
En algún momento, mientras buscaba datos, se puso en contacto conmigo – a través del sistema de mensajes de MyHeritage, una joven brasileña llamada Myra Batista. Me preguntó que parentesco había con un Alejandro Wainstein que era su bisabuelo y que tenía entendido que era pariente de Bertha Gerchunoff. Así fue que encontré más datos de la familia, específicamente, datos de la Tía Bertha. Figuraba en el censo de 1895, en Marcos Juarez, una familia Veinstein; los padres Benzion y Paulina, y los hijos Viera, Assia, Alejandro y Gregorio. Yo recordaba que la madre de Horacio y Tuqui, se llamaba Paulina y se había casado con Saionz. Solían venir a tomar el té a mi casa de Acassusso cuando yo era chica. Paulina no es un nombre tan común, así que presupuse que podían ser los padres de la Tía Bertha.
Le mandé la información a Myra, que inmediatamente me contestó que los padres de su bisabuelo Alejandro, se llamaban Paulina y Benzion. Con lo que cerré otro punto del árbol genealógico.
Después de una vivista a La Cumbre, me puse en contacto con Amalia Polack (Tuqui Saionz, la hija de Paulina) y eso es para otra entrada. Siguiendo los pasos de su abuela y su madre, es y ha sido una figura importante en la WIZO y conoce muy a fondo los datos de la familia y sus alrededores.
 El árbol genealógico no está completo. Faltan montones de datos, pero por lo menos he podido reconstruir los vínculos entre las 2 familias que llegaron esperanzadas con la libertad hacia fines del siglo XIX

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