No nacimos de un repollo
Los Gerchunoff
La verdad es que no sabía mucho de la familia
materna. Sólo sabía de la existencia de un tío de mi mamá famoso por haber
escrito “los Gauchos Judíos”.
Mi abuela había fallecido cuando mamá era muy
joven. Tal vez por eso no nos llegaron los cuentos de la familia de la mano de
la abuela. Sólo ahora de grande he
seguido la huella que dejaron, movida
por la curiosidad y para dejarles a las generaciones que siguen el relato del
origen de sus familias en la Argentina.
Hoy, con la existencia de internet, teléfonos
de larga distancia, teléfonos celulares y toda forma de comunicación moderna, resulta
difícil entender el desgarro que significaba la partida hacia tierras
desconocidas. Era quemar las naves. Era perder todo contacto. Pero era preservar
la vida, ya que su exilio voluntario se produjo para escapar de las terribles
circunstancias de la Europa oriental de fines del siglo XIX. La literatura es
pródiga en relatos de los horrores vividos por los judíos en la Rusia de los
zares y en otros territorios de la Europa oriental en la que estaban
autorizados a instalarse. Los pogromos dejaban secuelas de muertes, huérfanos,
mujeres violadas y destrucción. La posibilidad de la reiteración de esta
violencia aterrorizaba a las familias judías que buscaban horizontes de
libertad y seguridad en tierras lejanas. La Argentina era una de esas. Pero la
emigración tampoco era un lecho de rosas.
Abundan los relatos de las alegrías y dolores
de la gesta migratoria. El más ilustre de nuestros antepasados – Alberto
Gerchunoff - dejó plasmada la vida de
los colonos que buscaban libertad en la Argentina en Los Gauchos Judíos. Pero esta es una historia genérica y bastante
suavizada de lo que fue la llegada de los judíos centro europeos a nuestras
tierras. Poco nos han legado de la verdadera historia de la familia. Sabemos
que su vida en estas tierras estuvo marcada por el sufrimiento inicial
provocado por la muerte del padre. Pero también sabemos que estuvo signada por
el progreso social y cultural, que los descendientes de aquellos colonos fueron
personas educadas entre los que hubo escritores, médicos, abogados y
profesores. Lo que sabemos surge de la observación de las vidas de nuestros
padres, de los relatos de algún pariente que finalmente habló y de lo que hemos
ido recordando fragmentadamente entre
todos.
Si bien esta no es una historia formal de la
familia, es un intento de recordar la vida de nuestros antepasados, cuyo enorme
sacrificio nos dejó una herencia de
valores universales por los que vivir y convivir y que en forma inconsciente
les hemos transmitido a nuestros hijos. Para ellos, y sobre todo para nuestros
nietos, escribo estas páginas.
Teníamos unos días libres en el 2009 y
decidimos ir a visitar las Colonias en Entre Ríos y Moises Ville en Santa Fe.
Me puse a buscar en Internet y a través de la página web me contacté con la
gente que organiza el tour. Así fue que reservamos una habitación en un hotel
en Villaguay y al que nos vino a buscar Panela, responsable de la organización
de la visita. Como le había anticipado que era descendiente de Alberto
Gerchunoff, además del recorrido, me tenía preparada una sorpresa. Una reunión
con una pariente. Fue la primera noticia que tuve de que aún vivían en Entre
Ríos descendientes de los Gerchunoff de Ucrania.
Desde que los judíos se asentaron en distintas
regiones de la Europa central y oriental, su vida se vio reiteradamente alterada
por persecuciones, deportaciones forzadas y restricciones. El antisemitismo era
y sigue siendo, moneda corriente. En el siglo XVII el territorio había sido
asolado por pogroms. Bohdam Khmelnytsky, héroe ucraniano que favoreció a los
cosacos, usó a los judíos como chivos expiatorios y permitió, o promovió, la
concreción de los disturbios antijudíos en la región. Decenas de miles de
judíos fueron masacrados, sus mujeres violadas y sus casas y comercios
destruidos. Pero los pogroms no fueron hechos aislados, restringidos al siglo
mencionado. Se repitieron a lo largo de los años en toda la zona que partir de
Catalina la Grande se llamó “el asentamiento del Pale” (The Pale of
Settlement). De límites imprecisos y cambiantes, comprendía gran parte de los
territorios de lo que hoy son Lituania, Bielorrusia, Polonia, Moldavia, Letonia,
Ucrania y la parte occidental de Rusia. En esta zona se autorizaba, con enormes
restricciones, el asentamiento de los judíos.
Las restricciones incluían la prohibición de
la adquisición de tierras y otros bienes raíces, la de estudiar en escuelas
comunes, la de residir en las ciudades, la de acceder libremente a estudios universitarios.
Es así que la gran mayoría de los empobrecidos judíos habitantes del Pale,
vivían en pequeños pueblos – los famosos Shtetl – dedicados al comercio o
directamente al trueque.
Algunas familias tenían autorización para
vivir en ciudades más importantes. Tal el caso de los Gerchunoff que vivieron
primero en Proskurov. Según cuenta Alberto Gerchunoff en sus memorias, sus “abuelos
eran gente rica, fundadores de aldeas, emprendedores enérgicos que aseguraron a
sus descendientes contra las arbitrariedades normales del imperio con el fuerte
pago de Derecho de Perpetuación, derecho que los comerciantes de alta categoría
y conducta intachable, lograban, obteniendo beneficios legales que los
equiparaban a hidalgos secundarios” (A. Gerchunoff: Entre Ríos, Mi País – Ed.
Plus Ultra 1973).
Entre 1881-1883 recrudecieron los pogroms. Tal
vez como consecuencia de la inseguridad en la ciudad de Proskurov la familia se
mudó a Tulchin. Mi bisabuelo, Gregorio Gerchunoff, era rabino, pero rabino secular, no religioso. Era un hombre sabio y generoso, pero poco
hábil en los negocios, con lo que no pudo conservar el pasar económico que
había logrado su padre. Según Alberto, la llegada del ferrocarril (el bisabuelo
tenía una posta) y la guerra amenazaron el precario pasar que para ese entonces
tenía la familia. Pero además la vida en Tulchin tampoco ofrecía seguridad.
Deslumbrado por lo que leía sobre las colonias
en la Argentina, la familia decidió partir rumbo a esas remotas tierras que
para el bisabuelo eran como la tierra prometida: una república de hombres
libres. Se habrían embarcado – probablemente - en el
puerto de Hamburgo en alguno de aquellos
famosos barcos que traían a los colonos en 3ª clase, con pasajes otorgados por
la Jewish Colonization Association (JCA) que patrocinaba el Barón Hirsch. Quién
sabe qué anhelos y qué esperanzas de libertad y futuro habrían albergado cómo
para arriesgarse de esa manera, sin conocer el lugar, el idioma ni las
costumbres. Era tanto el temor a la violencia antisemita que al cruzar la
frontera hacia Alemania, el bisabuelo le pidió al su hijo – Alberto - que “recordara a aquel cosaco severo y tosco”
que sería el último que vería en su vida.
Para muchos de los colonos que llegaron a
estas tierras, el sueño era que sus hijos tuvieran las posibilidades que a
ellos les habían sido negadas: propiedad de la tierra, estudios superiores,
títulos universitarios. El dicho en toda esa zona fue que los que vinieron de
Europa oriental “sembraron trigo y
cosecharon doctores”. Pero sobre todo, Libertad.
Lamentablemente el rastro de lo ocurrido en el
viaje se pierde en la frontera con Alemania. No nos han llegado datos sobre el
puerto real de embarque, sobre el barco en el que llegaron, ni sobre el
traumático desembarco en estas tierras lejanas.
Lo que nos ha llegado de lo ocurrido al llegar
a la Argentina es bastante confuso. Sabemos que llegaron a Moises Ville,
provincia de Santa Fé, en algún momento entre 1889 y 1891. Se instalaron en
Moises Ville en unas carpas. Sabemos,
por los relatos de Alberto Gerchunoff, que el bisabuelo causó polémica entre
sus congéneres por su negativa a rezar la oración por el emperador primero y su
rechazo al rezo por la liberación. Esta oración integraba el ritual desde el
cautiverio posterior a la destrucción del templo. Según relata Alberto, el
bisabuelo consideraba que ese rezo no tenía sentido en la liturgia en un país de
libertad. Pero muy poco más sabemos de su vida en esa pequeña colonia de Santa
Fe donde estuvieron poco tiempo como consecuencia del asesinato del patriarca
de la familia.
Alrededor del asesinato de Gershon (Gregorio) se
ha creado una leyenda, que como tantos relatos familiares, tiene muchas
versiones, todas ellas igualmente inconsistentes. La primera versión que nos llegó es la que cuenta Alberto
Gerchunoff en “Los Gauchos Judíos”. La misma versió es la que se relata en su
autobiografía “Entre Ríos, Mi País” que se publicó muchos años después de su
muerte. Según ese relato, parecería que al bisabuelo lo mató un gaucho borracho
en o cerca de Pesaj. Sin embargo la tumba del bisabuelo, una de las primeras
del cementerio de Moises Ville sobre el perímetro del cementerio como
corresponde a una muerte violenta, está fechada el 12 de Febrero de 1891. A
pesar de que la fecha de Pascua (Pesaj) es variable, nunca es tan temprano como
Febrero. Según todas las investigaciones realizadas, tampoco esta fecha sería
correcta.
En la segunda versión, que es la que te
cuentan en Moises Ville, un gaucho atacó sin causa alguna y mató de un
cuchillazo al bisabuelo a través de la tela de la carpa en la que se alojaba. La versión que circulaba en la familia era
algo distinta. Vinculaba el ataque a un problema de idioma. Aparentemente el
gaucho – borracho, en eso coinciden los relatos – pedía insistentemente la mano
de la hija mayor, Sofía. Nadie entendía bien qué era lo que demandaba con tanto
énfasis, motivo por el cual el bisabuelo optó por ofrecerle pan. El gaucho
parece que no se conformaba con el trueque y por eso atacó. No sólo mató a Rab
Gershon, sino que además hirió a la bisabuela y a Sofía. Si bien los detalles
no figuran en la autobiografía, ésta si da cuenta de las heridas de las 2
mujeres.
Lo cierto es que el bisabuelo murió en Moises
Ville y fue enterrado en el cementerio antes de que el camposanto fuera
consagrado como tal. Los únicos que lo precedieron fueron los niños muertos de
fiebre tifoidea en Palacios esperando que aparecieran las tierras y los
responsables de su asentamiento. Los colonos los enterraron en barriles con cal
y luego los trasladaron al cementerio.
La familia decidió no quedarse en tierras de
Santa Fé, y se mudó a Entre Ríos. Su nuevo destino fue Rajil, cerca de Domínguez
en la región de influencia de Villaguay. Allí partió la viuda, Anna Korenfeld,
con sus 5 hijos: Alberto, Bernardo, Sofía, Rosa y Cecilia. Pero no vivieron
mucho tiempo en la provincia. Para 1895 ya estaban en la Capital Federal.
En la primera investigación, busqué en la
versión digitalizada del censo de 1895. Allí encontré a la familia residente en
Rajil- los Gerchenoff. Pero no a la familia de mi abuela.

Solo mucho después, cuando los hijos de Tulio
Halperin buscaban datos de sus antepasados Halperin, encontré la página del
censo de 1895 en la que figuraba toda la familia en Buenos Aires.
Aquí el facsimilar de la página del censo
encontrada en Internet.
El primero que aparece es Hirsch Halperin.
Inmediatamente debajo aparece Sasel, que seguro era como la llamaban en Idisch
a la tía Sofía. Debajo de ella sigue Anna y lo que parece ser Herschenov, (sin
embargo, revisando los datos tipeados del censo de 1895, en el sitio descubrí
que los anotaron como Herschenoa) de 45 años Rusa y viuda; debajo de ella
aparecen Boris (Bernardo) Sizilia (la tía Cecilia, madre de Ana Kantor),
Ruchele (mi abuela Rosa, que por lo que dice aquí, bien podría haberse llamado
Raquel) y Abram (Alberto) de 14 años y cigarrero que era lo que hacía el famoso
autor de los Gauchos Judíos en esos
primeros años en Buenos Aires. Le sigue Herson (que en realidad era Gershon –
Gregorio – el mayor de los Halperin que como correspondía en esa época, llevaba
el nombre de su abuelo muerto.
Me imagino las peripecias del censista que
intentaba entender el mínimo castellano de estos paisanos cuyo idioma había
sido hasta muy pocos años antes el ruso o el Idisch y que ni siquiera conocían
bien las letras del alfabeto latino.
Otra curiosidad es que así como la familia en
Buenos Aires aparece en el censo como Herschenoa, la familia de Rajil figura en
los papeles como GerchEnoff. En mi
cabeza puedo escuchar al censista preguntándole al Sr. Hersch, y Ud ¿Como se
llama? Contestación “Gershenov”.
En realidad, el apellido sufrió los embates de
los funcionarios de migraciones y también de la transliteración. El original en
ruso se escribe con Ш que es equialente a la sh. Es la misma letra
en hebreo que en ruso. Alberto en sus
memorias (Entre Ríos, Mi país) cuenta
que muchos familiares los fueron a despedir. Sin embargo, horas de búsqueda en
google y en archivos de todo tipo, no daban ningún otro Gerchunoff que no tuviera origen en Argentina. Si bien muchos pueden haber muerto en la
guerra, otros muchos podrían haber emigrado entre 1890 y la segunda guerra.
Cruzando el apellido de la bisabuela con la ciudad de origen, obtuve una base
de datos de más de 15.000 apellidos de la zona de Podolia, entre los que
figuraba GerSHunoff o GerSHunov. De esas dos
variantes hay muchos apellidos en el mundo.
De esta parte de la familia entre la memoria
propia y los contactos familiares, he podido ir reconstruyendo algunos datos. Cuando vinieron a Buenos Aires, vivieron en un conventillo y, según cuenta mi
tía Anita, las hermanas necesitaban trabajar para mantenerse. Por eso mi abuela
hizo un curso de Alta Costura. Sólo podían costear los estudios de una de las
hermanas que tenía la obligación de transmitir sus recién adquiridos
conocimientos a las hermanas, a fin de que todas estuvieran en condiciones de
trabajar. Con esa habilidad lograda consiguieron trabajo en Gath y Chaves como
costureras finas. Se especializaron en vestidos de fiesta. Anita guarda entre
sus pertenencias un severo vestido negro de encaje, de esos con los cuellos
altos y las cinturas encorsetadas que usaban las damas a principio del siglo
XX.
Alberto recorrió, según sus propias memorias,
una larga lista de trabajos temporarios - desde matricero a cigarrero – que le
permitían conseguir un poco de dinero para aquello que realmente deseaba:
estudiar. En el censo figura como cigarrero. Lo interesante es que dice que
tiene 14 años. O bien mintieron la edad porque sino era demasiado joven para
trabajar, o no nació en 1883 tal como figuraba en el pasaporte con el que salió
de Ucrania, y menos en 1884 como dice él que sostenía su madre. La edad
consignada en el censo ubica su fecha de nacimiento en 1881, año del comienzo
de los pogroms más terribles en Ucrania.


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