Mamá tenía muy pocos recuerdos de su madre y
estos además le dejaban ese amargo sentimiento de orfandad que la había
acompañado toda su vida y que por algún motivo la marcó más que a los hermanos.
O eso era lo que ella transmitía. Rosa murió muy joven cuando su hija mayor
tenía apenas 10 años. En la transmisión oral de la historia familiar figuraba
la mezcla de diabetes con tuberculosis como causa de su muerte prematura. Lo
que es seguro es que la abuela falleció de TBC, contraída aparentemente como
voluntaria del Hospital Israelita. El
abuelo León nunca se volvió a casar y como explicaba siempre, “no quiso darle
madrastra a sus hijos”.
Hay pocas fotos de la abuela Rosa. En una está
junto a toda la familia, incluyendo los hijos mayores de Sofía y Enrique. Está
de ¾ perfil, y reconozco mis facciones, las de mi hija Carolina y de mi sobrina
Laura en esa misma posición. La otra, recuerdo que estaba en casa. Era una foto,
ya de más grande, y completamente de perfil.
La única otra foto que he visto de ella, me la
mandó digitalizada Juliet Weber. La encontró en un álbum cuidadosamente
organizado por Shirley Nixon, su madre. El abuelo León le llevó muchas fotos
familiares a Inglaterra, en un viaje que hizo para visitar a su hijo, con la
intención de presentarle a quienes ella no conocía, pero eran parte de su familia.
En esa foto, la abuela está sentada en una
silla, detrás está el abuelo, joven y con unos enorme bigotes. La rodean sus
hijos. Mamá se le parecía mucho, tanto que si no fuera por el entorno se podría
pensar que es Frida. Pero lo que más impacta de la imagen es la infinita tristeza
de su rostro. Es el reflejo de lo que está viviendo. El ambiente en el que fue
tomada, refleja su situación. Al fondo se ve una cama de caño, típica de
hospital de la época, y una mesa de luz, también de metal blanco. Evidentemente
la abuela está internada, sabe de su gravedad y percibe que no le queda mucho
tiempo. La enfermedad se la llevaría seguramente unos meses después. Falleció
en octubre de 1923.
Por la tuberculosis de la abuela, apareció la
casa de La Cumbre. En aquella época la tisis tenía pocas chances de curación. Todavía
no habían aparecido los antibióticos y, salvo algunos procedimientos muy
complicados y de dudosa efectividad para
cerrar las cavernas, se apelaba al tratamiento con buena dieta y en lugares con
aire puro. Así se hicieron famosos los sanatorios de las sierras de Córdoba.
Ese fue también el origen del tristemente
célebre Hotel Edén de La Falda. Aquellos que se lo podían permitir llevaban a
sus familias a pasar los veranos en las sierras de Córdoba, para proteger los
pulmones con el aire sano.
También así prosperaron los otros hoteles de
las sierras, muchos de los cuales lucen hoy un estado de abandono consecuencia,
probablemente, de la sustitución del aire puro y la dieta por antibióticos,
quimiterápicos y vacunas. Otros, más afortunados, son hoy hoteles sindicales.
Cuando el abuelo León estuvo en condiciones, se
compró una casita en La Cumbre que según Ana Kantor, se la conocía como el Rancho
de los Weber. Cuando estuve en La Cumbre en 2015 pude acceder a un expediente
en el que el abuelo solicitaba la conexión de agua para su casa. Lo que en el
momento no me cerraba era la fecha de compra de la propiedad. Según el
expediente, el pedido de conexión era de 1929. Yo había imaginado que la casa
la había comprado don León para traer a su mujer enferma. Pero no fue así. La
había comprado para proteger los pulmones de sus hijos de ese temible enemigo
que era la tuberculosis.
También entre las fotos que guardó Shirley
había algunas de la famosa casa. Yo recuerdo haber estado en ella y si la
memoria no me falla, fue justo cuando la vendió, alrededor de 1954. La compraron
los Godfrid, Marcos y Florencia, que la venían alquilando desde hacía algún
tiempo. No sé si fue o no por casualidad, pero Marcos era el Hermano de Lidia G
de Kurlat, casada con Rafael Kurlat, primo de mi padre.
La casa, según mis recuerdos de infancia,
estaba enfrente del Hotel Los Montes. La última vez que la había visto, fue en
los 60, unas vacaciones que fuimos a las sierras y en las que pasamos bastante
tiempo con la familia Godfried. Recuerdo que Florencia, que era norteamericana,
tenía colgado un cuadrito bordado en punto cruz que decía: Work fascinates me, I could sit and
watch it for hours.
A pesar del tiempo transcurrido, cuando visité
La Cumbre en 2015, encontré la casa inmediatamente. Poco me acordaba del
pueblo, pero la casa me resultó inconfundible. (Las fotos que acabo de incorporar me las dio Juliet hace menos de un mes.) No tuvo nunca formalmente,
nombre. Ni en los papeles catastrales, ni en la memoria de los habitantes de
este pueblo figuraba alguna denominación. Sin embargo, me contó Carlos
Godfrid, que limpiando un depósito encontraron un cartel, parecido a otros que
hay en la zona, que decía ROSA MARÍA. No entendían a quien se refería el cartel
o si se pensó para denominación de la casa. El nombre corresponde al de mi
prima Rosita, la mayor de las nietas y la que lleva el primer nombre por su
abuela. Fascinado con el cuento, los dueños le han puesto el cartel en el jardín y se ve
desde la calle. Así es que el Rancho de los Weber, hoy tiene nombre.


Isabel: que la casa de La Cumbre se llamase Rosa Maria me trae un recuerdo. Puede ser que mamá o en casa la llamasemos así
ResponderBorrarIsabel: que la casa de La Cumbre se llamase Rosa Maria me trae un recuerdo. Puede ser que mamá o en casa la llamasemos así
ResponderBorrarYo supongo que cuando nació Rosita el abuelo le debe haber puesto ese nombre. Pero nadie la conocía por ese nombre en La Cumbre.
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