domingo, 19 de junio de 2016

la generacion de los Abuelos 2


Mamá tenía muy pocos recuerdos de su madre y estos además le dejaban ese amargo sentimiento de orfandad que la había acompañado toda su vida y que por algún motivo la marcó más que a los hermanos. O eso era lo que ella transmitía. Rosa murió muy joven cuando su hija mayor tenía apenas 10 años. En la transmisión oral de la historia familiar figuraba la mezcla de diabetes con tuberculosis como causa de su muerte prematura. Lo que es seguro es que la abuela falleció de TBC, contraída aparentemente como voluntaria del Hospital Israelita.  El abuelo León nunca se volvió a casar y como explicaba siempre, “no quiso darle madrastra a sus hijos”.

Hay pocas fotos de la abuela Rosa. En una está junto a toda la familia, incluyendo los hijos mayores de Sofía y Enrique. Está de ¾ perfil, y reconozco mis facciones, las de mi hija Carolina y de mi sobrina Laura en esa misma posición. La otra, recuerdo que estaba en casa. Era una foto, ya de más grande, y completamente de perfil.
 

La única otra foto que he visto de ella, me la mandó digitalizada Juliet Weber. La encontró en un álbum cuidadosamente organizado por Shirley Nixon, su madre. El abuelo León le llevó muchas fotos familiares a Inglaterra, en un viaje que hizo para visitar a su hijo, con la intención de presentarle a quienes ella no conocía, pero eran parte de su familia.
En esa foto, la abuela está sentada en una silla, detrás está el abuelo, joven y con unos enorme bigotes. La rodean sus hijos. Mamá se le parecía mucho, tanto que si no fuera por el entorno se podría pensar que es Frida. Pero lo que más impacta de la imagen es la infinita tristeza de su rostro. Es el reflejo de lo que está viviendo. El ambiente en el que fue tomada, refleja su situación. Al fondo se ve una cama de caño, típica de hospital de la época, y una mesa de luz, también de metal blanco. Evidentemente la abuela está internada, sabe de su gravedad y percibe que no le queda mucho tiempo. La enfermedad se la llevaría seguramente unos meses después. Falleció en octubre de 1923.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Por la tuberculosis de la abuela, apareció la casa de La Cumbre. En aquella época la tisis tenía pocas chances de curación. Todavía no habían aparecido los antibióticos y, salvo algunos procedimientos muy complicados y de dudosa efectividad  para cerrar las cavernas, se apelaba al tratamiento con buena dieta y en lugares con aire puro. Así se hicieron famosos los sanatorios de las sierras de Córdoba.

Ese fue también el origen del tristemente célebre Hotel Edén de La Falda. Aquellos que se lo podían permitir llevaban a sus familias a pasar los veranos en las sierras de Córdoba, para proteger los pulmones con el aire sano.

También así prosperaron los otros hoteles de las sierras, muchos de los cuales lucen hoy un estado de abandono consecuencia, probablemente, de la sustitución del aire puro y la dieta por antibióticos, quimiterápicos y vacunas. Otros, más afortunados, son hoy hoteles sindicales.

Cuando el abuelo León estuvo en condiciones, se compró una casita en La Cumbre que según Ana Kantor, se la conocía como el Rancho de los Weber. Cuando estuve en La Cumbre en 2015 pude acceder a un expediente en el que el abuelo solicitaba la conexión de agua para su casa. Lo que en el momento no me cerraba era la fecha de compra de la propiedad. Según el expediente, el pedido de conexión era de 1929. Yo había imaginado que la casa la había comprado don León para traer a su mujer enferma. Pero no fue así. La había comprado para proteger los pulmones de sus hijos de ese temible enemigo que era la tuberculosis.

También entre las fotos que guardó Shirley había algunas de la famosa casa. Yo recuerdo haber estado en ella y si la memoria no me falla, fue justo cuando la vendió, alrededor de 1954. La compraron los Godfrid, Marcos y Florencia, que la venían alquilando desde hacía algún tiempo. No sé si fue o no por casualidad, pero Marcos era el Hermano de Lidia G de Kurlat, casada con Rafael Kurlat, primo de mi padre.





La casa, según mis recuerdos de infancia, estaba enfrente del Hotel Los Montes. La última vez que la había visto, fue en los 60, unas vacaciones que fuimos a las sierras y en las que pasamos bastante tiempo con la familia Godfried. Recuerdo que Florencia, que era norteamericana, tenía colgado un cuadrito bordado en punto cruz que decía: Work fascinates me, I could sit and watch it for hours.

A pesar del tiempo transcurrido, cuando visité La Cumbre en 2015, encontré la casa inmediatamente. Poco me acordaba del pueblo, pero la casa me resultó inconfundible. (Las fotos que acabo de incorporar me las dio Juliet hace menos de un mes.) No tuvo nunca formalmente, nombre. Ni en los papeles catastrales, ni en la memoria de los habitantes de este pueblo figuraba alguna denominación. Sin embargo, me contó Carlos Godfrid, que limpiando un depósito encontraron un cartel, parecido a otros que hay en la zona, que decía ROSA MARÍA. No entendían a quien se refería el cartel o si se pensó para denominación de la casa. El nombre corresponde al de mi prima Rosita, la mayor de las nietas y la que lleva el primer nombre por su abuela. Fascinado con el cuento, los dueños le han puesto el cartel en el jardín y se ve desde la calle. Así es que el Rancho de los Weber, hoy tiene nombre.

 

3 comentarios:

  1. Isabel: que la casa de La Cumbre se llamase Rosa Maria me trae un recuerdo. Puede ser que mamá o en casa la llamasemos así

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  2. Isabel: que la casa de La Cumbre se llamase Rosa Maria me trae un recuerdo. Puede ser que mamá o en casa la llamasemos así

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    1. Yo supongo que cuando nació Rosita el abuelo le debe haber puesto ese nombre. Pero nadie la conocía por ese nombre en La Cumbre.

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